- LA FERIA DE PUSHKAR, CITA ANUAL DEL CAMELLO



La ciudad india de Pushkar acoge el mayor mercado de camellos del mundo, 60.000 ejemplares.

La India es uno de esos países extraordinarios en los que, para hablar de una feria de ganado, uno puede remontarse a los brumosos tiempos de los mitos. Cuenta la leyenda que Brahma, el dios creador del universo, bendijo las aguas del lago Pushkar de manera que quien se bañara en él se curaría de sus enfermedades, se limpiaría de sus pecados y se aseguraría un lugar en el cielo. La avalancha de peregrinos fue tal que, muy pronto, el cielo comenzó a abarrotarse, así que los otros dioses pidieron a Brahma que recapacitase sobre las consecuencias de su gracia, quizá demasiado generosa: ante la presión, adoptó la solución de limitar el efecto benéfico de las aguas a los cuatro días previos a la luna llena del mes de kartik, que viene a coincidir con nuestro noviembre.

Dicen los estudiosos que esa peregrinación para realizar el baño sagrado en las fechas indicadas fue el origen del Pushkar Mela, la feria de Pushkar, una cita anual que transforma esta apacible y árida localidad de 15.000 habitantes en una fiesta multitudinaria donde convergen devotos, nómadas y turistas, hasta completar una masa de 200.000 personas.

Cada grupo representa un estadio distinto en la larga historia de esta celebración: los devotos acuden atraídos por los 400 templos de la ciudad, entre los que figura uno de los raros santuarios consagrados al dios Brahma, y por sus 52 'ghats', esas escalinatas que en la India bajan hacia las aguas para facilitar la inmersión ritual. Aquella motivación primitiva no tardó en combinarse con el comercio: nómadas y granjeros de varios estados se acercan hasta este lugar para comprar y vender animales, desde dromedarios -se trata del mercado camellero más importante del mundo- hasta búfalos, pasando por los míticos caballos Marwari, la preciada raza autóctona del Rajastán. Y, de unos años a esta parte, la feria se ha convertido también en destino de miles de turistas hambrientos de exotismo, que persiguen con sus cámaras los colores intensísimos de turbantes y saris y el fascinante dorado de los amaneceres.

Cascabeles en las pezuñas
A estos coleccionistas de recuerdos no les falta material, desde luego. El evento se ha ido volviendo cada vez más complejo, con un apretado calendario de actividades que incluye carreras de dromedarios y caballos, torneos de lucha e innumerables competiciones tradicionales, como la de ordeño, las carreras con cántaros o el campeonato de bigotes largos, donde se impuso el año pasado el indio J.S. Chounan: después de dejárselo crecer durante 18 años, su bigote medía ya 3,35 metros de punta a punta. Los dromedarios participan en desfiles, adornados con suntuosos jaeces y cascabeles en las pezuñas, y también protagonizan una suerte de rodeo en el que pugnan por deshacerse de varios jinetes que los montan a la vez.

En la edición de este año hay además una exhibición de globos aerostáticos que durará varios días, principal novedad anunciada por los organizadores. Claro que, cuando no hay ninguna actividad programada, el espectáculo continúa en los campos de entrenamiento de los animales o en los propios campamentos nómadas, donde los hombres dejan pasar el tiempo fumando en pipa y sorbiendo té.

Últimamente, la feria de Pushkar reúne ya tantos turistas extranjeros como camellos: se maneja la cifra de unos 50.000 de cada categoría. Pero la compraventa de ganado sigue siendo el eje central de la fiesta, con precios que pueden alcanzar los 800 euros por los mejores dromedarios y los 2.000 por un caballo Marwari. En cuanto a la vertiente religiosa, no parece atravesar su mejor momento: los peregrinos que acudieron el año pasado se encontraron, en el lugar donde debía estar el lago Pushkar, una especie de gran recinto en obras donde apenas sobrevivían tristes pocillos de agua.

En una de esas paradojas de los tiempos modernos, más difíciles de entender que los mitos, el lago se había secado a raíz de un proyecto público para hacerlo más profundo y mejorar su entorno, que se alió fatalmente con una temporada de lluvias escasas. Los organizadores de la cita solventaron el problema con unas pequeñas piscinas que se llenaban a diario con cisternas, una solución de circunstancias que no dejó satisfechos a los devotos y, desde luego, no parece estar a la altura del gran dios creador del universo.

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