- TURISMO DE LUJO EN INDIA, MÁS ALLÁ DEL TAJ MAHAL

El crecimiento económico indio ya se refleja en el turismo. Lejos de los viajes mochileros, surgen hoteles con encanto allí donde antes había un palacete o un castillo, no hace falta que sea un gran palacio. Incluso los pequeños cÁSastillos de miembros desconocidos de la realeza pueden convertirse, con una buena reforma, en un hotel con clase y rentable.

A los pies de la terraza del palacio Darbargarh, en Morbi (estado indio de Gujarat), antaño un feudo de una provincia menor, los campesinos cultivan la llanura a orillas del serpenteante río Macchu. Las bocinas de los coches resuenan ligeramente en la distancia. Al otro lado del río se puede ver cómo se elevan suavemente al cielo las columnas de humo de las numerosas fábricas de tejas que hay en la ciudad. Un periquito llega volando a la terraza. El servicio de habitaciones sirve el desayuno.

Como el primer huésped que duerme bajo el techo de la maharani Uma Dubash en Morbi desde que decidió convertir el palacio neoclásico del siglo XIX en un hotel, me siento en el límite de lo que se conoce como “turismo patrimonial”.

Turismo patrimonial es el término utilizado en la India para comercializar fuertes, palacios o mansiones que propietarios inteligentes o desesperados han optado por convertir en hoteles para evitar que se conviertan en ruinas.

Hace algún tiempo, los únicos hoteles de este tipo pertenecían a los grandes marajás de Jaipur, Jodpur y Udaipur, en Rajastán, el estado indio nacido de los antiguos reinos del Rajputana, “la tierra de los reyes”. Hoy en día, el rápido crecimiento económico de la India y una nueva actitud hacia la identidad postcolonial del país están contribuyendo a extender el turismo patrimonial a otros estados.


Palacio Indio
 “Ahora vemos a mucha gente haciendo turismo patrimonial”, afirma Prateek Chawla, copropietario de la agencia de viajes Outbound Travels, de Nueva Delhi. “Todo el mundo está restaurando viejas propiedades. Está muy de moda y se está extendiendo a espacios más pequeños, como hoteles boutique”.

La conversión de palacios indios en hoteles comenzó en el Rajastán a principios de la década de 1980, después de que la primera ministra Indira Gandhi aboliese los privilegios con los que la realeza tradicional sostenía sus colosales propiedades.

Privados de repente de un estilo de vida que dejaría en ridículo al rapero 50 Cent (como bañeras llenas de champán, Rolls Royce recubiertos de oro y palacios repletos de piedras preciosas), primero el Maharana de Udaipur y después los marajás de Jaipur y Jodpur convirtieron varias de sus propiedades en hoteles o museos para evitar la bancarrota, lo que contribuyó a hacer de Rajastán uno de los principales destinos turísticos de la India.

Pero los antiguos reyes no tardaron en ceder la gestión de sus establecimientos a manos profesionales, con Taj Hotels y Oberoi Hotels, las principales cadenas de lujo de la India, dominando el sector. Oberoi, de hecho, creó hoteles-palacio nuevos imitando a los reales.

Pero los pioneros de este lento movimiento son Aman Nath y Francis Wacziarg, del Neemrana Group, cuyos orígenes son bastante más humildes. Ellos demostraron que incluso los pequeños castillos de miembros desconocidos de la realeza pueden convertirse en algo rentable. Su primera apuesta fue en 1986, cuando compraron y restauraron una fortaleza del siglo XV bastante corriente en Haryana y la transformaron en un hotel.

Hoy en día el fuerte Neemrana es el buque insignia de una empresa que gestiona 23 pequeños hoteles con historia al margen de las tradicionales rutas turísticas. Es más, tal y como demuestra el reciente añadido del palacio Darbargarh de Morbi, se esfuerzan cada vez más en llevar viajeros al corazón inexplorado de la India.

“Para la gente con propiedades ancestrales, Neemrana representa una empresa que transforma posibles cargas en activos”, explica Nath. “Fruto de esa lógica, cada semana recibimos una o dos ofertas de personas que quieren que les compremos o que gestionemos sus fuertes o palacios. Nos inundan a ofertas. Siempre estamos buscando nuevas propiedades”.

Esto supone un enorme impulso para el patrimonio olvidado del la India. Según el Ministerio de Turismo, el sector turístico (que genera muchos más puestos de trabajo por dólar invertido que la agricultura o la industria) puede ser una gran fuente de empleo y de crecimiento económico en zonas del país que todavía no se han beneficiado del actual despegue económico.

Pero para capitalizarlo, el país necesita atraer a más turistas. El año pasado visitaron la India 5,6 millones de extranjeros, generando casi 15.000 millones de dólares en ingresos. La cercana y mucho más pequeña Tailandia recibió en ese mismo periodo a 15 millones de turistas, que gastaron unos 20.000 millones de dólares.

Algunas de las principales propiedades del grupo Neemrana están en importantes destinos turísticos, como el Glasshouse on the Ganges, cerca de la ciudad de peregrinaje hindú de Rishikesh, o el Hotel de L'Orient, en la antigua colonia francesa de Pondicherry. Sin embargo, las últimas adquisiciones giran en torno a la idea (popular en Europa) de que un hotel agradable puede atraer por si mismo a los viajeros. Es el caso de Patiala, en donde el grupo opera el primer hotel de valor histórico en el Punjab: el palacio Baradari, del siglo XIX.

“Intentamos dar una imagen auténtica de una zona concreta, siendo fieles a la manera en que estaban decorados los palacios y sirviendo comida típica. También empleamos a gente de la zona, así que el lenguaje corporal también es el típico del lugar”, asegura Wacziarg. “Todo el concepto de hospitalidad es diferente”. “Creemos que se pueden ofrecer otras opciones, y que [fuera de las rutas tradicionales] la gente puede descubrir muchos restos de 1.500 o 1.000 años de antigüedad. Al verdadero viajero le apetece mucho dar esos pasos más privados y ver más allá del Taj Mahal”, dice Nath.
Fuente: La información. Jason Overdorf, Morbi (India) | GlobalPost

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