- INDIA UN HIMALAYA DE EMPLEADOS

Tres de cada diez nuevos trabajadores en el mundo van a ser indios, por lo que emplearlos no va a ser una tarea sencilla.

La mano de obra es barata en India: la señalización de las calles es pintada a mano; los trabajadores de la construcción transportan ladrillos en pilas de a nueve sobre sus cabezas; en las tiendas hay más empleados que clientes. Mientras la fuerza laboral china se vuelve más vieja, cara y exigente, algunas empresas decidirán abandonar al dragón. Sólo India tiene los números como para sustituirlo.

De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo, el número de indios en la fuerza laboral va a aumentar en casi 80 millones en la próxima década. Pero esa es una subestimación, sostiene un nuevo trabajo (*) de Tushar Poddar de Goldman Sachs y Pragyan Deb, ahora en la London School of Economics (LSE). Solamente un tercio de las mujeres indias actualmente buscan trabajo remunerado, señalan (hay estimaciones aún menores). Estiman que si esa cifra aumenta a 38% en 2020, entonces la fuerza laboral india va a incrementarse hasta 110 millones. Tres de cada diez nuevos trabajadores en el mundo van a ser indios.

Los autores pronostican que el renombrado sector de servicios de India va a emplear alrededor de 45 millones de ellos. Pero 40 millones van a tener que encontrar trabajo en la industria. Ensombrecidos por la dinámica industria digital de India, los fabricantes de manufacturas de India no son unos incompetentes. El sector manufacturero creció a un impresionante 8% anual durante la década pasada y en el último año fiscal contribuyó en una proporción mayor (16,1%) en el PIB de India que la agricultura, por primera vez en la historia del país. Pero su contribución en el empleo es menos impresionante: sólo un 12%.

Desafortunadamente, la industria en India economiza en mano de obra, a pesar de su abundancia, favoreciendo en su lugar al capital o la tecnología. La ventaja de India "no se encuentra en producir cosas intensivas en mano de obra", dijo en una conferencia el año pasado Baba Kalyani, presidente de Bharat Forge, un gran fabricante de partes de autos. En la década del ochenta los trabajadores de su compañía costaban alrededor de 700-800 rupias por mes, dijo. Hoy cuestan 20.000-30.000. "No éramos competitivos en los ochenta. Somos extremadamente competitivos hoy. Y la diferencia es la tecnología".

La suya no es la única compañía que sacó lo "hecho a mano" en "manufactura". Incluso en actividades como la textil, joyería y fabricación de juguetes, la proporción de trabajo contra capital se redujo a la mitad durante los noventa, de acuerdo a Deb Kusum Das, Deepika Wadhwa y Gunajit Kalita del Consejo Indio para la Investigación de las Relaciones Económicas Internacionales (ICRIER por sus siglas en inglés) en Dehli. Los regimientos de trabajadores en la línea de montaje característicos de la revolución industrial de China son difíciles de encontrar en India. Varios académicos han identificado un "medio perdido" en la industria india: los trabajadores se concentran en fábricas minúsculas o en grandes y sofisticadas.

¿Qué está impidiendo que los fabricantes indios contraten más personas? Poddar y Deb señalan a las "leyes laborales arcaicas" de India como el "mayor desafío" entre muchos para el crecimiento industrial. De acuerdo a la asociación de empleadores de India, el Gobierno Central impone más de 55 leyes laborales y los Estados otras 150 o más. La más notoria es la Ley sobre Conflictos en la Industria, que requiere que cualquier establecimiento que emplee 100 obreros o más tenga que pedir permiso al Estado para despedir a cualquiera. La pequeñísima minoría de indios a los que esta provisión aplica disfruta de una protección mejor que cualquiera de sus contrapartes en la rica OCDE, salvo por los checos y los portugueses. Y están mejor asegurados contra el despido colectivo que cualquiera de ellos.

En un conocido estudio de 2004, Tim Besley y Robin Burgess del LSE analizan el daño provocado por esta ley. Debido a que las regulaciones laborales en India son responsabilidad conjunta del Gobierno Central y de los Estados, algunos sectores del país son mucho más duros que otros. Besley y Burgess encontraron que los Estados que modificaron la ley a favor de los trabajadores en detrimento de los empleadores tuvieron una inversión, empleo y producción más débiles en las industrias que ocupaban diez trabajadores o más.

"Los intentos por compensar el balance de poder entre capital y trabajo puede terminar dañando a los pobres", advirtieron.

Sin embargo, su sombría conclusión no ha quedado sin desafiarse. Aditya Bhattacharjea de la Escuela de Economía de Delhi critica a los autores por un número de infelicidades, como el agrupamiento de reformas grandes y pequeñas. Besley y Burgess etiquetan Gujarat como un Estado pro-trabajador, por ejemplo, por su decisión en 1973 de multar a las compañías con 50 insignificantes rupias por día por no instalar apropiadamente consejos obrero-patronales conjuntos. También los autores implícitamente asumen que las reformas nacionales fueron implementadas en el mismo año a lo largo del país. Pero en algunos Estados, el gobierno local anticipó las decisiones del Gobierno Central; en otros, jueces estatales las resistieron.

LA REGULACIÓN DUELE. Algunas de las críticas de Bhattacharjea están reflejadas en un trabajo más reciente de Poonam Gupta del ICRIER, Rana Hasan del Banco de Desarrollo de Asia y Utsav Kumar de The Conference Board. La fortuna de la manufactura india difiere no sólo de Estado a Estado, señalan, sino también de industria a industria. Encuentran que Estados con más regulación pro-trabajador no han obstaculizado la industria india como un todo. Pero a las industrias que son intensivas en mano de obra les va mejor en los Estados que tienen mercados laborales relativamente más flexibles. Esas industrias crecieron alrededor de un 7% anual desde 1984 al 2004 en Estados flexibles, como Andhra Pradesh y Karnataka. En Estados inflexibles, como West Bengal, Orissa y Maharashtra, crecieron sólo un 3,5%. "Las regulaciones pro-trabajador lastiman donde más duele -en las industrias que emplean más mano de obra"-, escriben los autores.

Incluso reformas menores de las leyes laborales pueden ser controversiales. Algunos grupos de presión han concluido que sus energías estarían mejor utilizadas en otro lado. De hecho, sólo el 15% de las empresas manufactureras relevadas por el Banco Mundial en 2006 identificaron las regulaciones laborales como un obstáculo grande para sus operaciones; 36% estaban preocupados por la electricidad. Pero así como la historia se escribe por los vencedores, las encuestas son respondidas por las firmas ya instaladas. Los investigadores sólo pueden consultar a las empresas que existen; no pueden hablar con las que podrían existir si las leyes laborales indias les permitieran prosperar. A menos que esas leyes sean reformadas, nadie va a saber cuántos de los 110 millones de trabajadores nuevos de India habrían contratado esas empresas.
Fuente: El país digital, 22-11-2010

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